Nos dice Luis Jaime Cisneros en un artículo de hace unas semanas:
"La lectura es una experiencia que nos depara la lengua escrita. No representa nuestro primer contacto con el lenguaje. Ese contacto primero se da con la lengua oral, que es la lengua de la casa, de la familia, que nos permite tomar contacto con las cosas y con el mundo: la fruta, el pan, la ropa, el agua, la leche, los padres y los hermanos. La lengua escrita es el fruto del contacto escolar. Nos enfrenta al mundo antiguo: los griegos, los árabes. Con la lengua escrita, aprendemos a leer. Comprendemos su valor cuando llevamos varios años leyendo textos diversos. La escuela nos ofreció modelos diversos de lectura: unos libros nos dieron noticia sobre la botánica, otros nos explicaron qué era la geometría, otros nos acostumbraron a discernir los usos artísticos del lenguaje, y aprendimos a reconocer textos en prosa y textos en verso. En la biografía de muchos de nosotros suelen aparecer muchos días amables o desagradables de lecturas incomprendidas.
La lengua sirve para expresar nuestra intimidad, y la lectura nos sirve para reavivar esa expresión. La lectura es una actividad inteligente que nos permite ahondar en los textos para reanimar el sentido profundo que los anima. Cada vez que leemos estamos dando vida a la voluntad de comunicación de un hablante. Por eso la lectura nos permite actualizar el pasado: cuando leemos el Quijote, lo que revivimos no son las letras con que hace más de 400 años Cervantes escribió su obra, sino las ideas y los sentimientos que animaron a Cervantes. Y cuando al leer un texto, nos sentimos espiritualmente reanimados, convocados a reflexión, reconocemos que leer es una actividad relacionada con el alimento espiritual".
La lengua sirve para expresar nuestra intimidad, y la lectura nos sirve para reavivar esa expresión. La lectura es una actividad inteligente que nos permite ahondar en los textos para reanimar el sentido profundo que los anima. Cada vez que leemos estamos dando vida a la voluntad de comunicación de un hablante. Por eso la lectura nos permite actualizar el pasado: cuando leemos el Quijote, lo que revivimos no son las letras con que hace más de 400 años Cervantes escribió su obra, sino las ideas y los sentimientos que animaron a Cervantes. Y cuando al leer un texto, nos sentimos espiritualmente reanimados, convocados a reflexión, reconocemos que leer es una actividad relacionada con el alimento espiritual".
Tenía 5 años cuando ansiaba acompañar a mis hermanos a la escuela. Nunca escuchaba el agobio por tareas o asignaciones; cuando cada uno llegaba, sacaba sus libros y se transportaban a mundos ajenos a mí.
Si mi madre había llenado el hogar de música, mi padre lo llenó de libros.Maestros ambos y con la obligación de trabajar casi todo el día, confiaban mi cuidado a mis pobres hermanos. Historietas, selecciones y cuentos iban y venían entre ellos. Miraba de reojo sus sonrisas y me apenaba no poder estar como ellos. Le pedía a mi hermano que me contara cuentos antes de dormir y va
ya que tuvo que contarme los conocidos y los inventados, porque mi afán por escuchar más, lo tenía con insomnio.
ya que tuvo que contarme los conocidos y los inventados, porque mi afán por escuchar más, lo tenía con insomnio. Hasta que... una buena tarde, me sentó en el sillón azul de la sala y entregó un chiste (historieta) muy curioso: Periquita!! me contó sobre esta niña traviesa, su amigo Tito y su Tía Dorita. Escogió una página al azar y me enseñó a leer palabra por palabra... miraba esos globos blancos, llenos de letras y él con paciencia me indicaba qué quería decir esas letras al juntarse. Me pasé toda la tade mirando con deleite los dibujos y lo que decían.
Al llegar mi madre, muy tarde, le conté orgullosa que sabía leer!! Tomé el comic y leí la página doblada de tantas veces que la releída...Días más tarde mi hermana compartía mis logros enseñandome a rezar, a dibujar y atarme los zapatos... cada día pedía una página nueva para leer...y así lo logré.
No recordaría con tanta nitidez estos episodios, si no fuera porque mi gran pasión por la lectura se las debo a ellos. Mis padres les enseñaron a cuidarme con afecto, pero con dosis de exigencia...lo recuerdo con tanto cariño y gratitud, en el mes de mi cumpleaños, porque mi hermana tenía 7 años y mi hermano 9 apenas...eran tan chicos como yo, pero con una fuerza y una fe suficiente para hacer de mi infancia, la alfombra mágica que me llevó a amar las cosas que soy ahora, porque soy letras, música, cine y oración.
Y mi oración diaria, agradece que aún los tenga como maestros... como amigos... como compañeros de travesuras...esas que a veces el crecer, deja en el olvido. Pero que para nosotros, nos unieron en el pasado y nos sonríen en el presente.






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