El mes pasado, el informe sobre los grados de violencia que afectaban a los centros educativos era una cuestión estadística. La semana concluye con la reflexión de muertes absurdas, barras bravas, disturbios y nuevamente la palabra violencia en los titulares.Si en el "lado A" comentaba sobre violencia escolar como resultado de sociedades violentas, el "lado B" nos recuerda, gracias a un artículo de Luis Jaime Cisneros, la misión que debe tener cada maestro en una sociedad con esas características.
En la actualidad, un estudiante encuentra los conocimientos en internet, en los libros , en smart boards o en la televisión por cable. Un educador necesita ser una brújula para que el alumno sepa que hacer con ese conocimiento.La edad o los años de experiencia, no determinan la calidad de un maestro; la condición social o el tipo de familia, tampoco delimitan la calidad de un alumno. ¿Cuál será la respuesta?¿Cómo lograr una enseñanza-aprendizaje óptima, acorde a las personas, a sus habilidades y a su contexto?
"El magisterio es una carrera profesional que se vive con ardorosa pasión y decidido empuje. No es un empleo circunstancial que nos distrae. Maestro que no esté concentrado en lo suyo está desmintiendo la imagen magisterial. Si hablamos de una ‘carrera’ hay que admitir que estamos aludiendo a una continuidad, que supone etapas: ingreso, marcha (y ascensos progresivos en la marcha) y cúspide. Esos ascensos están relacionados con el esfuerzo docente y los logros estudiantiles, y no con la antigüedad en el magisterio. La antigüedad sólo es mérito cuando va felizmente asociada a la calidad del aprendizaje, fruto de una enseñanza calificada. Y para que los ascensos no estén librados a circunstancias ajenas a la vida laboral, la ley previsoramente ha fijado los periodos en que el Estado debe convocar a concursos, que deben ser preferentemente bianuales. Claro es que debemos entender que, tratándose de una carrera, los deméritos conllevan medidas explicables en todo sistema de evaluación.
Si existe, pues, una carrera magisterial, imprescindible es que nos preguntemos cuáles son los requisitos para acceder a ella.
¿Solo buena voluntad y entusiasmo? Por lo pronto, no basta haber terminado los estudios secundarios. Hay que tener conciencia clara de nuestra condición de país pluricultural. Desde el inicio debe quedar establecido que hay que merecer ser candidato a maestro. Un estudiante crecido en zonas costeras debe estar preparado para enfrentarse (si el destino así lo determina) a sus compatriotas del Ande o de la Selva. Debe, por tanto, estar vivamente interesado en compartir con ellos la vibración espiritual que los identifica como peruanos. Como peruanos del siglo XXI, necesitados de conocer las urgentes necesidades de los muchachos de estas generaciones nuevas para que la enseñanza pueda ofrecerles el camino correcto que conduce a la felicidad, la justicia y la verdad".
"El magisterio es una carrera profesional que se vive con ardorosa pasión y decidido empuje. No es un empleo circunstancial que nos distrae. Maestro que no esté concentrado en lo suyo está desmintiendo la imagen magisterial. Si hablamos de una ‘carrera’ hay que admitir que estamos aludiendo a una continuidad, que supone etapas: ingreso, marcha (y ascensos progresivos en la marcha) y cúspide. Esos ascensos están relacionados con el esfuerzo docente y los logros estudiantiles, y no con la antigüedad en el magisterio. La antigüedad sólo es mérito cuando va felizmente asociada a la calidad del aprendizaje, fruto de una enseñanza calificada. Y para que los ascensos no estén librados a circunstancias ajenas a la vida laboral, la ley previsoramente ha fijado los periodos en que el Estado debe convocar a concursos, que deben ser preferentemente bianuales. Claro es que debemos entender que, tratándose de una carrera, los deméritos conllevan medidas explicables en todo sistema de evaluación.
Si existe, pues, una carrera magisterial, imprescindible es que nos preguntemos cuáles son los requisitos para acceder a ella.¿Solo buena voluntad y entusiasmo? Por lo pronto, no basta haber terminado los estudios secundarios. Hay que tener conciencia clara de nuestra condición de país pluricultural. Desde el inicio debe quedar establecido que hay que merecer ser candidato a maestro. Un estudiante crecido en zonas costeras debe estar preparado para enfrentarse (si el destino así lo determina) a sus compatriotas del Ande o de la Selva. Debe, por tanto, estar vivamente interesado en compartir con ellos la vibración espiritual que los identifica como peruanos. Como peruanos del siglo XXI, necesitados de conocer las urgentes necesidades de los muchachos de estas generaciones nuevas para que la enseñanza pueda ofrecerles el camino correcto que conduce a la felicidad, la justicia y la verdad".






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