Adoptando un libro y un mundo...(2)

Continúo con parte del artículo de Danilo Sánchez Lihón:
La vida con la letra se activa y se devela.
De mil maneras el niño tiene que entender que el signo escrito refleja reproduce o representa el habla. Para ello tenemos que escribirles los sucesos, historias, padeceres que a él le ocurran. El niño tiene que identificarse con la palabra escrita; sentir que es un espejo, que recoge su voz, su pensamiento, que le cuenta sus sueños. Y que las palabras escritas copian o reproducen en otra forma las palabras habladas. Porque si el lector al leer no halla relación entre lo que lee y una experiencia, un conocimiento o una vivencia nítida relacionada a su propia vida, es difícil que le encuentre sentido a la lectura. Porque se lee en la medida en que el texto despierte en nuestro ser un saber implícito, una memoria escondida, una vida oculta que con la letra se activa y devela.
Apoyo en el libro y en la imagen.
¿Qué no ocurrirá en el alma del niño si al lado de la ilustración fascinante constata que está la palabra impresa? Mucho más aún: ¿si poniendo la mano y siguiendo la secuencia con el dedo índice vamos leyendo para él lo que allí dice con toda la entonación, vivacidad y carga afectiva? Como también de la capacidad de gustar y asombrar al niño. El libro debe ser también quien hable, de donde salgan las fábulas, los personajes maravillosos. ¿Y cómo?, a través de los labios de los seres que aman al niño. Así la palabra impresa dejará de ser una casa ajena y distante, terrible y odiosa, para ser posada o refugio en donde habita el ser. Que los niños ojeen, investiguen por sí mismos y se complazcan mirando las ilustraciones. ¿Qué dice aquí, papá?, –será la pregunta más natural del mundo. Y ahí tiene que estar la paciencia reunida, la inteligente tarea de impulsarlo a leer.
Integrando artes.
A lo que vamos es a que la pregunta, la inquietud y el interés por leer tiene que salir del niño. Él tiene que poner el impulso, la energía, la impaciencia, y luego el motor, pero solo lo hará si es que está suficientemente motivado. Para ello construir poco a poco y con él sus textos de lectura. Y otros en donde se anoten todas las incidencias de este proceso. Donde las letras al lado de las ilustraciones coloridas y hermosas dejarán de ser barreras inexpresivas, manchas ingratas, trazos mecánicos y hasta signos traumáticos en el proceso por aprender a decodificar la palabra escrita. Así cuando ya sea lector habitual esa persona articulará los dos planos –el visual y el verbal– pudiendo elaborar, comparar, criticar el contenido integrando artes distintas que enriquezcan su percepción del mundo.
El libro abierto del mundo
Dentro de todos aquellos recursos es importante volver a enfatizar el rol de la literatura infantil que tiene un impacto global, configuraciones de significados múltiples, activaciones de la percepción, la conciencia y el mundo mágico que constituyen una energía capaz de impulsar al niño a dimensiones muy altas y superiores de inteligencia y sensibilidad. Al educar con la lectura debemos tratar de preparar al niño para la vida fuera del texto, fuera de las asignaturas y de los patrones que se dan en las aulas. Para ello, no poner tanto énfasis en lo técnico como pueden ser los métodos, sino en simular modelos de problemas con los cuales la persona se va a enfrentar en la vida. Tenemos también que crear un entorno más enriquecido de códigos de escritura: señales, avisos, letreros. Tenemos que convertir la realidad en un texto y en un libro abierto, siempre renovado, animado constantemente y cada día con entusiasmo, imaginación que nos de paso a la realización plena del hombre en el mundo.

Y no son sólo palabras....
Mi sobrino Franco tiene 6 años y disfruta, como yo, de los libros y el cine. Ninguna librería pasa desapercibida para él, carga los tomos gigantes de los estantes para que su madre le cuente cómo vivieron los dinosaurios y espera con ansias Kung Fu Panda, Madagascar 2, más Spiderman y todas las aventuras de Narnia.
Ahora, nuevos personajes le han despertado curiosidad: el minotauro, el centauro, las brujas blancas y los zombies!!!
Fuimos a ver Narnia y el Príncipe Caspian y quedó fascinado con ese mundo y la historia de los cuatro hermanos!! Él quería repasar la película de nuevo, así que... decimos hacer un poster. Fue muy entretenido preguntarle a él sobre personajes y escenarios, sobre todo porque mi experiencia se basa en trabajar comprensión y análisis, con mis alumnos de secundaria y no siempre han acertado. Pero Franco con mucha seguridad me iba indicando qué personajes debían ir, qué lugares habían y qué personaje le gustó más. Así que pusimos manos a la obra y con ayuda de cartulinas, goma, colores, hojas y mucha paciencia, ¡hicimos nuestro propio afiche de la película!! Pero... quedaban muchas cosas por mostrar, entonces decidimos hacerle un poster a la primera película.
En nuestro segundo trabajo, él estaba más seguro de cómo organizarlo. Tanto así que decidió poner a cada hermano en un escenario distinto, dibujó a casi todos los personajes e incluso decidió dejar a uno de los hermanos dentro del armario porque no le había creído a la hermana menor.

Ahora, cuando algún amigo o familiar le pregunta por la película, comienza a contarla gracias a sus afiches. Su vocabulario aumentó en palabras, personajes y no hay semana que no pida todos los tomos para poder saber qué ocurre con Aslan y todos los demás!! Claro, que el libro tiene que tener sus dibujos, que si no...
Los libros y el cine, no sólo nos llevan a conocer lugares mágicos y personajes entretenidos, pueden hacer que nuestra imaginación crezca, que nuestra creatividad pinte y que nuestra fascinación se refleje en una pantalla de cine, un libro de aventuras o... unos afiches llenos del cariño de una tía.