La cartelera cultural limeña tiene propuestas interesantes para niños; los cuentacuentos y las obras infantiles son una motivación favorable para que encuentren el gusto por la lectura, se comuniquen mejor y desarrollen su creatividad. Pero, ¿qué ocurre si por los horarios de trabajo no es posible ir a las librerías o teatros?, ¿somos capaces de motivar ese gusto en casa?, ¿esa misión la debe cumplir sólo la escuela?.
Danilo Sánchez Lihón, presentó el 25 de junio en su blog http://danilosanchezlihon.blogspot.com/ el siguiente artículo. Lo comparto porque podemos identificar más de una verdad y más de un reproche.
"LEER NECESITA UN HOGAR"
Rol de la familia y la comunidad en la motivación a la lectura
El niño aprende a cabalidad el lenguaje hablado por una profunda motivación de tener que comunicarse llana y fluidamente con los seres que lo rodean y que forman parte de su hogar. De igual modo el factor más importante que influye en nuestro comportamiento lector es la familia que constituye el ámbito más directo e inmediato de influjo en la vida del niño.
Porque, ¿cómo es que los niños aprenden a hablar de modo tan natural un lenguaje que es un saber complejo y lo alcanzan a dominar de manera tan lucida? La respuesta es sencilla: interactuando con el habla en su círculo vital, para lo cual no se descontextualiza al niño.
Para que el niño hable no se le introduce en un centro educativo ni se le confina en un salón de clases. Tampoco se le asigna profesor ni se le programan lecciones, menos se utiliza un sílabo, ni un manual ni un pizarrón.
¡Felizmente para ello no se nos ha ocurrido endilgarles tareas!, ni aplicarles con ferocidad pruebas de evaluación. Él aprende hablar para la vida como cabe pretender que lea para alumbrar la vida.
Crear un ambiente favorable para la lectura.
Los niños aprenden a hablar estimulados por los seres que comparten su mundo, y como una exigencia libre, intensa y afectiva de comunicación.Lo hacen por sí mismos y de una manera dichosa y feliz, retozando y a su propio ritmo y compás; también porque cada logro se lo celebra y festeja. ¿Quién no se deja seducir por la manera cómo ellos van asignándole un sonido a cada referencia de la realidad?
Nos endulzamos que lo hagan de manera única, curiosa y hasta rara; sin someterlos a una norma rígida sino aceptando y hasta haciéndoles sentir que nos encanta que digan las cosas a su modo, a su capricho, entonando ellos siempre de aquel modo el canto a los afectos y con ello el sencillo y candoroso homenaje a la vida.
Así aprenden a hablar. Pero no hacemos lo mismo con el código de la palabra escrita. Allí nos convertimos en autoridades severas, en pontífices categóricos y en burócratas impacientes, dispuestos a someterlos a cánones, técnicas y a evaluarlos. Allí somos “profesionales” y utilizamos todo el aparato formal en dicha coerción.
Rol de la familia y del contexto.
Por eso, si fuéramos sensatos, el paradigma del aprendizaje del lenguaje hablado debe constituir también el modelo para la enseñanza y el aprendizaje de la lectura.
Si el niño no escucha que las personas hablan en su casa es seguro que no hablaría con presteza. ¿Cómo pretender que lea sin que tenga estímulos, materiales, tiempos disponibles y ejemplos al interior de su hogar para recrearse con los libros que es práctica mágica y hasta sublime?
Si el niño no ensayara continuamente en silabear, vocalizar, construir palabras, indudablemente se demoraría mucho en la adquisición de la capacidad de hablar.
Igualmente, sino garabatea, descubre las figuras e inscripciones sencillas en todo soporte, sino hojea las páginas de los libros, difícilmente adoptará la lectura de manera sincera y eminente.
Para desarrollar adecuadamente la lectura es importante considerar entonces el rol de la familia y del contexto, conformado hasta por el vecindario y la misma ciudad".
El niño aprende a cabalidad el lenguaje hablado por una profunda motivación de tener que comunicarse llana y fluidamente con los seres que lo rodean y que forman parte de su hogar. De igual modo el factor más importante que influye en nuestro comportamiento lector es la familia que constituye el ámbito más directo e inmediato de influjo en la vida del niño.
Porque, ¿cómo es que los niños aprenden a hablar de modo tan natural un lenguaje que es un saber complejo y lo alcanzan a dominar de manera tan lucida? La respuesta es sencilla: interactuando con el habla en su círculo vital, para lo cual no se descontextualiza al niño.
Para que el niño hable no se le introduce en un centro educativo ni se le confina en un salón de clases. Tampoco se le asigna profesor ni se le programan lecciones, menos se utiliza un sílabo, ni un manual ni un pizarrón.
¡Felizmente para ello no se nos ha ocurrido endilgarles tareas!, ni aplicarles con ferocidad pruebas de evaluación. Él aprende hablar para la vida como cabe pretender que lea para alumbrar la vida.
Crear un ambiente favorable para la lectura.
Los niños aprenden a hablar estimulados por los seres que comparten su mundo, y como una exigencia libre, intensa y afectiva de comunicación.Lo hacen por sí mismos y de una manera dichosa y feliz, retozando y a su propio ritmo y compás; también porque cada logro se lo celebra y festeja. ¿Quién no se deja seducir por la manera cómo ellos van asignándole un sonido a cada referencia de la realidad?

Nos endulzamos que lo hagan de manera única, curiosa y hasta rara; sin someterlos a una norma rígida sino aceptando y hasta haciéndoles sentir que nos encanta que digan las cosas a su modo, a su capricho, entonando ellos siempre de aquel modo el canto a los afectos y con ello el sencillo y candoroso homenaje a la vida.
Así aprenden a hablar. Pero no hacemos lo mismo con el código de la palabra escrita. Allí nos convertimos en autoridades severas, en pontífices categóricos y en burócratas impacientes, dispuestos a someterlos a cánones, técnicas y a evaluarlos. Allí somos “profesionales” y utilizamos todo el aparato formal en dicha coerción.
Rol de la familia y del contexto.
Por eso, si fuéramos sensatos, el paradigma del aprendizaje del lenguaje hablado debe constituir también el modelo para la enseñanza y el aprendizaje de la lectura.
Si el niño no escucha que las personas hablan en su casa es seguro que no hablaría con presteza. ¿Cómo pretender que lea sin que tenga estímulos, materiales, tiempos disponibles y ejemplos al interior de su hogar para recrearse con los libros que es práctica mágica y hasta sublime?
Si el niño no ensayara continuamente en silabear, vocalizar, construir palabras, indudablemente se demoraría mucho en la adquisición de la capacidad de hablar.
Igualmente, sino garabatea, descubre las figuras e inscripciones sencillas en todo soporte, sino hojea las páginas de los libros, difícilmente adoptará la lectura de manera sincera y eminente.
Para desarrollar adecuadamente la lectura es importante considerar entonces el rol de la familia y del contexto, conformado hasta por el vecindario y la misma ciudad".






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